miércoles, agosto 19

Este ir sin GPS

Estoy escribiendo un nuevo libro. Qué puto trabajo escribir un nuevo libro. Como que se me olvida la guerra que me dieron los otros. Como que se me olvida que años, que tardes, que borraduras. Como que se me olvida y quiero escribir veloz y fluida. Como que se me olvida que no soy ni veloz ni fluida, que las cosas que escribo siempre van lento, una versión de la versión de la versión. Un pasito con bastón, un arrastrarse con muletas. ¿Por qué se me olvida que no puedo manejar, que no sé manejar, que las autopistas y yo no tenemos historia? Ni los volantes ni nada. 

Voy a pie. Calle por calle. Esta esquina y luego la otra. 

Escribir es este perderse. Este ir sin GPS.

sábado, agosto 8

Máquina medium

Soy incapaz de recordar el olor de mi madre. Sé que alguna vez estuvo en mi nariz y luego ya sólo en mi memoria, pero que en algún momento de la adolescencia ese aroma y su evocación dejaron de existir. 

Como único vestigio, tras su muerte, quedó un frasco abarrocado de color rosa. Era su perfume. Debió ser algo muy dulce. No maderas. No floral. En todo caso afrutado, cítrico. Debió ser una fragancia que tal vez ahora me empalagaría. Pero estoy divagando porque lo cierto es que voy a ciegas, me quedan ya muy pocos recuerdos de ese pasado remoto. Lo cierto es que a veces pienso que ese pasado, mi pasado, nunca existió.

Los días y los meses que siguieron a la muerte de mi madre, cuando quería recordarla, sentirla cerca, pegaba mi nariz al pequeño orificio por donde tantas veces había sido atomizado el líquido interior para llegar hasta su cuello en forma de pequeñísimas gotas. Entonces mi madre era sólo eso: ese fantasma que podía aspirar. Mi madre era ese tenue olor que se aferraba a mi nariz. 

Un día descubrí que el frasco ya no olía a nada. Había perdido todo su poder de máquina del tiempo, de máquina resucitadora, de máquina médium. El perfume había desaparecido y con él toda posibilidad de acceso sensorial a mi madre. Guardé durante muchos años todavía aquella botella vacía, como si creyera que mágicamente algún día podría hacerla aparecer de nuevo. 

Pero también perdí esa lámpara de Aladino. Posiblemente fue en alguna mudanza. No tengo la más mínima idea de qué pude haber hecho con ella. La ausencia es una cosa que permea por capas a las cosas. Como la humedad. Como una niebla súbita que no te deja ver lo que tienes a medio metro de ti, lo que sigue después. Pienso en el hecho de que aún puedo recordar vagamente la imagen de la botella de ese perfume. Pienso en que también olvidaré eso. No quedará nada de mi madre en mi memoria. Como si todo fuese un sueño. Lo digo porque en los sueños uno no alcanza a saber por qué se encuentra en tal lugar. Uno no recuerda cómo es que llegó ahí. 

martes, agosto 4

Estos días perdidos y prestados

Sucedió mientras caminaba por una acera flanqueada por una pared verde de tantas plantas y tanta humedad, bajo copas de árboles que aún mecían gotas de lluvia entre sus hojas. De súbito lo supo: estaba viviendo los días de una vida prestada en una ciudad prestada. Aquello era sólo un escenario. Los troncos, los tallos, el verdor incrustado en todo ese asfalto era utilería. Ese presente y su futuro eran ficción.

miércoles, junio 10

¿Vuelven las cosas a su sitio?


¿Vuelven las cosas a su sitio?
Vuelven, sí, a veces.
¿Y qué se hace entonces?


1. He estado pensando en mi ausencia de raíces. A veces el pasado (mi pasado) es el pasado de alguien más. Como si tuvieras el superpoder de recordar el pasado de los otros y uno de eso otros fueras tú. 

2. He estado escuchando la discografía de Kiss. ¿Cómo fue posible que en todos los años de mi vida nunca los hubiese escuchado? Me dicen que seguro los debí haber oído en alguna parte, pero yo les digo que no. La música en off no cuenta como registro. La música en off es todo lo otro que pasó cuando no estabas ahí. 

3. He seguido soñando que vivo en casas enormes y ajenas. Ajenas pero propias. Ajenas pero ajenas.

4. He estado leyendo a Charles Simic. Leo sus memorias. Qué magnífica es su capacidad de narrarse. 

5. He estado tomando diazepam. Qué felicidad. 

6. He estado escribiendo algunos poemas de lírica translírica o lírica zombie o lírica post.

7. He seguido yendo a terapia. Mi terapeuta dice que es probable que pronto me de de alta. No quiero que me de de alta. Siempre me encariño con mis terapeutas.

8. He estado yendo a caminar al estadio. Si no hiciera tanto calor en esta ciudad mis caminatas serían más felices de lo que son.

9. He estado leyendo poesía argentina, la cual me hace intensamente feliz y me plantea muchas preguntas.

10. He estado amándote mucho, cada día de forma distinta.

11. He estado dejando que las cosas vuelvan poco a poco a su sitio sabiendo que no hay sitio ni retorno.


jueves, junio 4

He vuelto a soñar que vivo en enormes casas antiguas


He vuelto a soñar que vivo en enormes casas antiguas. Son sueños que siempre ocurren en tonos verdes. Las casas están llenas de muebles viejos. Todo está repleto de pertenencias ajenas: ropa, utensilios, cartas, fotografías. Como si aún estuviesen habitadas por otras personas y yo fuese una intrusa. Pero no, las casas me pertenecen. He llegado para tomar posesión de ellas y las recorro detenidamente. Habitación por habitación voy abriendo cajones, vitrinas, cómodas, armarios. Voy hurgando entre papeles y texturas. Hay siempre olor a humedad, como si todo estuviera a punto de sumergirse. Como si todo estuviera dentro de un sueño o de una pecera.

Pero nunca puedo saber dónde terminan esas inacabables casas. Siempre hay una estancia más por ver. Siempre una puerta más que traspasar. Anoche, por ejemplo, me detuve mucho rato en una recámara revisando todo lo que había en un tocador. El maquillaje, los perfumes, los afeites. Después el escritorio, lleno de documentos y libros. Luego me senté en la cama que estaba sin hacer y me quedé pensando en todas las personas que durmieron antes sobre esas sábanas. En cuántos años tendrían sin que nadie pasara su mano por su superficie. De cualquier forma no tuve el valor para recostarme en ella. Sólo me quedé ahí, sentada, sabiendo que toda aquella escena no podía ser real.

domingo, abril 26

Siempre somos otros.



1. Lo que te envío son imágenes de mí que nunca antes. ¿Quién crees que es la de las fotografías? ¿Acaso piensas que no hay disfraz cuando uno se desnuda? Siempre hay disfraz. Siempre somos otros. Siempre somos los otros que fraguamos para la memoria. Una colección de registros perdidos en el tráfago de los días. Yo te envío mi mejor desnudez, lo que es decir, mi mejor disfraz. Yo te envío la que soy para ti. La que he fraguado justa y específicamente para ti. 

2. He inventado todo lo que soy para no dejar vacíos los renglones donde debiera ir lo otro: la otra, la verdadera.

3. Lo que hacemos es suspender por un instante la pérdida. Lo que hacemos es plantar la cara frente al espejo y esperar vernos ahí. Lo que hacemos es creer que somos algo más que obras negras. Algo así como intentar salvarnos de la insoslayable catástrofe. Lo que hacemos es esperar, impávidos, el hongo, la nube de ceniza del volcán, esa clase de inminencia.

4. En mi sueño he quedado atrapada en un edificio. Una lluvia imparable ha inundado la ciudad. El edificio ha sido arrancado de raíz y flota a la deriva de la corriente. Todas las ventanas permanecen intactas. El edificio se precipita hacia alguna desembocadura. El vértigo me hace querer escapar. 

5. Muchas veces me he preguntado si fue de mi padre de quien heredé el oficio de la huida. La rutina del embalaje furtivo. Lo que es decir: estoy aquí, pero algo de mí ya se ha marchado. Alguna de las que soy a tomado su equipaje y ha cerrado la puerta. 

6. ¿Quién soy cuando me invento para ti?


lunes, marzo 30

Los ojos de esos extraños parecen querer decirnos algo

William Klein


-¿Las fotografías nos dirán quiénes somos? 
-No somos nosotros los que aparecen en ellas.
-No es necesario que seamos nosotros. Es necesario que digan quiénes somos.
-...
-Quienes nos miran en las fotografías saben más de nosotros que nosotros mismos.
-Nadie nos mira.Nadie sabe quiénes somos. 
-Es mentira. Los ojos de esos extraños parecen querer decirnos algo.
-Los ojos de los extraños siempre parecen querer decir algo, es cierto. 
-...
-Pero sólo parecen. No están diciendo nada. No quieren decir nada. Mucho menos nos dicen a nosotros. 
-...
-Nada tenemos que ver con los ojos de los muertos.
-...
-Todos esos ojos, todas esas miradas, todos esos que sonríen y te resultan familiares en esas fotografías están muertos. 
-¿Quieres decir que los muertos nada saben de nosotros?
-Quiero decir que nosotros también estamos muertos.

sábado, febrero 14

Desesperadamente



Desde los primeros días del año he estado leyendo mucho. He leído desesperadamente, con ansia de devorarlo todo. Carson, Hughes, Stein, Alesi, Negroni, Volodine, Heaney, Pinter, Markson, Vilariño y la Duras, entre otros. Tal vez por eso tengo la sensación de que han pasado mucho tiempo. Como si con cada libro leído hubiese emprendido un pequeño viaje que me dejara el agotamiento que produce el visitar tierras lejanas. Sin embargo el cansancio no impide el deseo de emprender un nuevo periplo. Me convenzo de que entre más tiempo dedico a leer más tiempo de mi vida quiero dedicar a hacerlo. Mi trabajo, mi vida cotidiana interrumpe mis lecturas. Será que me acuerdo de esos años de la adolescencia en que lo único que hacía todo el día era leer. 

Se puede vivir así, leyendo todo el día. Lo sé porque lo hice durante al menos un par de años. No televisión, no radio, no vida social. Únicamente los libros. Era una buena vida, debo decirlo. Vivir para leer es un buen trato con la existencia. Lo fue al menos para mí. Lo sigue siendo en los momentos que le robo al tráfago de los días el tiempo necesario para mis lecturas. 

Me he estado desvelando mucho, eso es cierto. Me gusta leer a todas horas pero hallo un placer muy específico en leer por la noche o la madrugada. Siempre me recordaré leyendo a Vicente Riva Palacio aquellas madrugadas de infernal calor en Ciudad Valles. Siempre me recordaré leyendo a Arthur Conan Doyle iluminada únicamente por una vela. Ahora, en la comodidad de mi habitación, sigo queriendo leer todos los días y a todas horas.