miércoles, junio 10

¿Vuelven las cosas a su sitio?


¿Vuelven las cosas a su sitio?
Vuelven, sí, a veces.
¿Y qué se hace entonces?


1. He estado pensando en mi ausencia de raíces. A veces el pasado (mi pasado) es el pasado de alguien más. Como si tuvieras el superpoder de recordar el pasado de los otros y uno de eso otros fueras tú. 

2. He estado escuchando la discografía de Kiss. ¿Cómo fue posible que en todos los años de mi vida nunca los hubiese escuchado? Me dicen que seguro los debí haber oído en alguna parte, pero yo les digo que no. La música en off no cuenta como registro. La música en off es todo lo otro que pasó cuando no estabas ahí. 

3. He seguido soñando que vivo en casas enormes y ajenas. Ajenas pero propias. Ajenas pero ajenas.

4. He estado leyendo a Charles Simic. Leo sus memorias. Qué magnífica es su capacidad de narrarse. 

5. He estado tomando diazepam. Qué felicidad. 

6. He estado escribiendo algunos poemas de lírica translírica o lírica zombie o lírica post.

7. He seguido yendo a terapia. Mi terapeuta dice que es probable que pronto me de de alta. No quiero que me de de alta. Siempre me encariño con mis terapeutas.

8. He estado yendo a caminar al estadio. Si no hiciera tanto calor en esta ciudad mis caminatas serían más felices de lo que son.

9. He estado leyendo poesía argentina, la cual me hace intensamente feliz y me plantea muchas preguntas.

10. He estado amándote mucho, cada día de forma distinta.

11. He estado dejando que las cosas vuelvan poco a poco a su sitio sabiendo que no hay sitio ni retorno.


jueves, junio 4

He vuelto a soñar que vivo en enormes casas antiguas


He vuelto a soñar que vivo en enormes casas antiguas. Son sueños que siempre ocurren en tonos verdes. Las casas están llenas de muebles viejos. Todo está repleto de pertenencias ajenas: ropa, utensilios, cartas, fotografías. Como si aún estuviesen habitadas por otras personas y yo fuese una intrusa. Pero no, las casas me pertenecen. He llegado para tomar posesión de ellas y las recorro detenidamente. Habitación por habitación voy abriendo cajones, vitrinas, cómodas, armarios. Voy hurgando entre papeles y texturas. Hay siempre olor a humedad, como si todo estuviera a punto de sumergirse. Como si todo estuviera dentro de un sueño o de una pecera.

Pero nunca puedo saber dónde terminan esas inacabables casas. Siempre hay una estancia más por ver. Siempre una puerta más que traspasar. Anoche, por ejemplo, me detuve mucho rato en una recámara revisando todo lo que había en un tocador. El maquillaje, los perfumes, los afeites. Después el escritorio, lleno de documentos y libros. Luego me senté en la cama que estaba sin hacer y me quedé pensando en todas las personas que durmieron antes sobre esas sábanas. En cuántos años tendrían sin que nadie pasara su mano por su superficie. De cualquier forma no tuve el valor para recostarme en ella. Sólo me quedé ahí, sentada, sabiendo que toda aquella escena no podía ser real.

domingo, abril 26

Siempre somos otros.



1. Lo que te envío son imágenes de mí que nunca antes. ¿Quién crees que es la de las fotografías? ¿Acaso piensas que no hay disfraz cuando uno se desnuda? Siempre hay disfraz. Siempre somos otros. Siempre somos los otros que fraguamos para la memoria. Una colección de registros perdidos en el tráfago de los días. Yo te envío mi mejor desnudez, lo que es decir, mi mejor disfraz. Yo te envío la que soy para ti. La que he fraguado justa y específicamente para ti. 

2. He inventado todo lo que soy para no dejar vacíos los renglones donde debiera ir lo otro: la otra, la verdadera.

3. Lo que hacemos es suspender por un instante la pérdida. Lo que hacemos es plantar la cara frente al espejo y esperar vernos ahí. Lo que hacemos es creer que somos algo más que obras negras. Algo así como intentar salvarnos de la insoslayable catástrofe. Lo que hacemos es esperar, impávidos, el hongo, la nube de ceniza del volcán, esa clase de inminencia.

4. En mi sueño he quedado atrapada en un edificio. Una lluvia imparable ha inundado la ciudad. El edificio ha sido arrancado de raíz y flota a la deriva de la corriente. Todas las ventanas permanecen intactas. El edificio se precipita hacia alguna desembocadura. El vértigo me hace querer escapar. 

5. Muchas veces me he preguntado si fue de mi padre de quien heredé el oficio de la huida. La rutina del embalaje furtivo. Lo que es decir: estoy aquí, pero algo de mí ya se ha marchado. Alguna de las que soy a tomado su equipaje y ha cerrado la puerta. 

6. ¿Quién soy cuando me invento para ti?


lunes, marzo 30

Los ojos de esos extraños parecen querer decirnos algo

William Klein


-¿Las fotografías nos dirán quiénes somos? 
-No somos nosotros los que aparecen en ellas.
-No es necesario que seamos nosotros. Es necesario que digan quiénes somos.
-...
-Quienes nos miran en las fotografías saben más de nosotros que nosotros mismos.
-Nadie nos mira.Nadie sabe quiénes somos. 
-Es mentira. Los ojos de esos extraños parecen querer decirnos algo.
-Los ojos de los extraños siempre parecen querer decir algo, es cierto. 
-...
-Pero sólo parecen. No están diciendo nada. No quieren decir nada. Mucho menos nos dicen a nosotros. 
-...
-Nada tenemos que ver con los ojos de los muertos.
-...
-Todos esos ojos, todas esas miradas, todos esos que sonríen y te resultan familiares en esas fotografías están muertos. 
-¿Quieres decir que los muertos nada saben de nosotros?
-Quiero decir que nosotros también estamos muertos.

sábado, febrero 14

Desesperadamente



Desde los primeros días del año he estado leyendo mucho. He leído desesperadamente, con ansia de devorarlo todo. Carson, Hughes, Stein, Alesi, Negroni, Volodine, Heaney, Pinter, Markson, Vilariño y la Duras, entre otros. Tal vez por eso tengo la sensación de que han pasado mucho tiempo. Como si con cada libro leído hubiese emprendido un pequeño viaje que me dejara el agotamiento que produce el visitar tierras lejanas. Sin embargo el cansancio no impide el deseo de emprender un nuevo periplo. Me convenzo de que entre más tiempo dedico a leer más tiempo de mi vida quiero dedicar a hacerlo. Mi trabajo, mi vida cotidiana interrumpe mis lecturas. Será que me acuerdo de esos años de la adolescencia en que lo único que hacía todo el día era leer. 

Se puede vivir así, leyendo todo el día. Lo sé porque lo hice durante al menos un par de años. No televisión, no radio, no vida social. Únicamente los libros. Era una buena vida, debo decirlo. Vivir para leer es un buen trato con la existencia. Lo fue al menos para mí. Lo sigue siendo en los momentos que le robo al tráfago de los días el tiempo necesario para mis lecturas. 

Me he estado desvelando mucho, eso es cierto. Me gusta leer a todas horas pero hallo un placer muy específico en leer por la noche o la madrugada. Siempre me recordaré leyendo a Vicente Riva Palacio aquellas madrugadas de infernal calor en Ciudad Valles. Siempre me recordaré leyendo a Arthur Conan Doyle iluminada únicamente por una vela. Ahora, en la comodidad de mi habitación, sigo queriendo leer todos los días y a todas horas.

jueves, enero 15

Atrapasueños



Tuve sueños extraños y amanecí un poco triste. En mi sueño llevaba a un hombre moribundo al hospital. Creo que soñé eso porque recién me enteré que el ingeniero Balderas está en fase terminal del cáncer que padece. El ingeniero ha sido mi compañero de trabajo por cuatro años. Meses antes de que enfermara viajé mucho con él al cuatro distrito para hacer un levantamiento sobre los artesanos de la zona. Es un hombre sencillo, puede resolverlo todo, siempre está de muy buen humor y es un gran conversador. Uno de esos días, estando en Tula, después de haber entrevistado artesanos durante todo el día, pasamos por un depósito a comprar unos six de cerveza y en una mesita en el patio del hotel nos pusimos a beber y a platicar. Nos dieron las dos de la mañana. Estábamos ya un poco ebrios. Él me estaba platicando la historia de su vida. Al día siguiente nos levantamos temprano y almorzamos unas gorditas en el camino. Me acuerdo que viajando con él en carretera y mientras intentaba enseñarme a manejar, pensé que me hubiera gustado tener un padre como él.

miércoles, enero 7

El drama del lavaplatos o el corte de caja del mecanismo asistido



Ayer terminé de leer El drama del lavaplatos de Eugenio Tisselli y compré mi primer libro electrónico: Esto no es una novela, de David Markson. Ambas cosas me dejaron con el ánimo de quien se asoma al espejo esperando ver su propio rostro y descubre otra cara dentro del marco. Asombro y fascinación lo primero; extrañeza lo segundo.

El epílogo de El drama del lavaplatos, esta reflexión de Vicente Luis Mora sobre si la PAC (poesía asistida por computadora) puede ser capaz de re-crear versos gongorinos, y la lectura misma de los poemas {cuya estructura empieza con la introducción de un "verso semilla" en castellano, lo vierte al inglés con una traducción automatizada de las que hay en internet, a esta versión inglesa le busca sinónimos ingleses, y es ésta la que otra vez la máquina traduce al castellano. Con tal resultado final, el autor sólo interviene para suprimir incoherencias gramaticales o, si le gusta, simplemente lo deja como está. Una vez conseguido el primer verso, lo toma  de nuevo como "verso semilla" para fabricar el siguiente y así hasta completar el poema.}me dejaron, literalmente, patidifusa.

¿Puede una máquina crear poemas? Me lo pregunto retóricamente porque lo cierto es que de antemano y en automático mi respuesta es que sí. Lo pienso porque ya antes usé The Lazarus Corporation Text Mixing Desk v2.0 (en una versión anterior) en la construcción de un texto titulado Frito-Lay.

La mesa de mezcla de The Lazarus Corporation es muy sencilla en realidad. Uno vierte en el recuadro fragmentos de los textos que desee mezclar, ajusta las especificaciones de la cantidad de palabras para el corte y la máquina hace lo suyo. Del resultado uno sólo tiene que hacer pequeñas sustracciones y adicciones para desbrozar algunos posibles sentidos de las lexias. 

En esta última máquina se trata de cortar-mezclar-postproducir. Pero me intriga y me seduce aún más la estructura de El drama del lavaplatos porque implica una suerte de maleabilidad del lenguaje. Estiramiento. Elongación. Algo así como torcer el lenguaje. Esta idea de tomar las palabras de un verso semilla y llevarlas a su equivalencia en otra lengua para luego alterarlas, es decir, convertirlas en otras (en un Otro verso) a través de la sustitución por sinónimos, y después traducir este verso alterado al español, me resulta apabullante.

Se trata de traducir y retraducir. Se trata de alterar. De traducir algo otro. Se trata de la otredad de ese verso semilla. Quizá me alucino, pero no es para menos. La máquina escritural de Tisselli me ha volado la cabeza casi sin darme cuenta, porque comencé a leerlo ya con la experiencia previa de The Lazarus y mi expectativa era que caminaría por terrenos firmes. Pero no. Lo de Tisselli es otra cosa. Otra poesía. Lo otro de su poesía. Una poesía que se hace otra a sí misma asistida por la máquina creada por el propio poeta. Esto me hace pensar en la palabra inception, misma que el traductor de google me traduce como comienzo y de la cual Word Reference me ofrece todos estos sinónimos: iniciación, inicio, origen, principio, inauguración, arranque, nacimiento, causa, fuente.

Creo que El drama del lavaplatos es, sin duda, un comienzo, pero también una iniciación. El arranque de una poesía-mecanismo, una poesía-máquina-otra.

Leer a este libro de Tisselli provocó un efecto en mí al que sólo puedo referirme como un Corte de caja.

¿Puede, en efecto, una máquina, escribir poesía? Aquí, para mí, la respuesta. Después de todo sólo somos máquinas deseantes.







lunes, enero 5

Algunos pasos apuntan siempre al mismo sitio



Que nadie escribe ya en sus blogs, me dicen. 
Que es letra o pantalla muerta.
Yo digo que esto es un cuaderno en el que a veces apunto 
y apunto mal
o apunto bien.
La cosa aquí es venir a decir que uno está.
Que uno existe como palabra o como discurso.
La cosa aquí es narrarse un poco.
Construir la ficción que uno es cuando se dice a sí mismo.
Y lo cierto es que me gusta construir eso que soy cuando 
hablo de mí.
Esa que soy cuando vengo y digo: aquí estoy. Existo.
Hoy bebí leche de almendras y no me quedé dormida.
Hoy Vladimir temblaba de frío cuando lo cargué esta mañana.
Hoy desperté sin ti y también te extrañé.
Me gusta venir a decirme aquí. Así que vendré 
a verme el rostro-pantalla en la pantalla muerta 
de este blog que no tanto.